Vista de campo de trigo en el valle del Yaqui
Antes de comenzar a describir el trabajo y sus objetivos es
necesario plantear un contexto de la región estudiada; sólo si conocemos su
situación seremos capaces de un mejor entendimiento respecto a sus habitantes.
Fue gracias al reparto agrario en el sexenio de Cárdenas que
comenzó una nueva apertura del Valle del
Yaqui. La colonización de las tierras cercanas al río se convirtió en un
proyecto serio a partir del siglo XIX, pero es con la formación de ejidos
-herencia de la Revolución- que se aumenta el cultivo y el área del valle. El
crecimiento pudo verse sobre todo en municipios como Cajeme y San Ignacio Río
Muerto. Éste último es uno de los que se visitaron para la realización del
presente trabajo. Pueblo Yaqui, por poner otro ejemplo de los visitados, fue un
asentamiento de colonos desde 1895 hasta agosto de 1941 cuando el presidente
Ávila Camacho le otorga el certificado agrario. Con la entrega de éste y otros
homónimos se constituyeron 13 ejidos en la zona, que trabajaron colectivamente
hasta el 50 debido a la separación de los que querían dejar de laborar en grupo
y volverse parcelarios.[1]
Monumento a la matanza de San Ignacio Río Muerto,
del 23 de octubre de 1975
La mejor época para los ejidos de la región se dio entre los
años cincuenta y sesenta. Sin embargo, el estado de crisis en el campo empieza
a partir de los ochenta debido a las políticas neoliberales. Éstas implicaron
devaluaciones y profundos cambios en la actividad agrícola gracias a la
intensificación y tecnificación, pero entre los residentes de los pueblos del
Yaqui no mejoraron la forma de vida.[2]
Vista en Campo 16
Respecto al tema de la educación en la zona sabemos que,
antes del reparto ejidal de Cárdenas en el 37, Alejandro Méndez era parte de la
Comisión de Educación decretada por el entonces gobernador, Rodolfo Elías
Calles. Dicha comisión estipulaba que los dueños de campos agrícolas debían
ofrecer escuelas y maestros a los hijos de sus empleados. Cuando los profesores
rurales estuvieron listos, Méndez los destinó a diferentes localidades del
valle, al tiempo que revisaba la efectiva construcción de las escuelas.[3]
Durante las entrevistas realizadas, el subdirector del
Cobach en Pueblo Yaqui me comentó que todas las escuelas secundarias y
preparatorias no se fundaron en los pueblos de la región sino hasta después de
los años cincuenta. Precisamente el Cobach se abrió hasta el noventa y casi
todas las escuelas que van más allá del nivel básico aparecieron en la década
de los ochenta.
Es comprensible que se piense en la educación destinada a
las comunidades del Yaqui como una más precaria que innovadora. La lógica puede
decirnos que tal será el caso dentro de una situación en la que los pueblos han
sido olvidados durante los años venideros al ochenta, especialmente por las
mencionadas políticas beneficiadoras de grandes empresarios.
Aun así, durante las visitas realizadas pude comprobar que
la educación de secundaria y preparatoria está al alcance de los jóvenes. No
sólo eso, también es económicamente accesible y cuenta con buenas
instalaciones. Las escuelas se observan en un estado mejor que aceptable y
aunque las opciones no son muy variadas no podemos decir que hacen falta.
A lo largo la estadía pude entrevistar en los tres pueblos a
estudiantes de entre 14 y 17 años. Además, tuve la oportunidad de hablar un
poco con el director y subdirector de dos escuelas, quienes ayudaron
enormemente a responder parte de mis dudas sobre la temática.
La pregunta elegida para el presente trabajo es acerca de
cuáles son las aspiraciones educativas y laborales entre los estudiantes del
valle del Yaqui. A continuación, presentaré brevemente los resultados de las
entrevistas hechas a los jóvenes de secundaría. Los tres primeros son de San
Ignacio Río Muerto y a los últimos los abordé en Campo 16.
Óscar Gamaliel Sandoval
14 años
Desde el inicio me llamó la atención lo que pudiera decirme
el chico ya que, al preguntar por un voluntario para la entrevista, todo su
salón lo señaló. No pareció sorprendido sino que se dirigió calmadamente afuera
del aula para responder, lejos del resto de los alumnos. Cuando hice la
pregunta de si estudiaba o trabajaba dijo firmemente que sólo se dedicaba a la
escuela, casi como si se burlara de lo ilógico que sería encontrar a alguien de
su edad laborando. Posteriormente dejó claro que él pensaba seguir el estudio
hasta llegar a una carrera, incluso aunque tuviera que mudarse –en sus propias
palabras- a “algún país anglosajón”.
Siguiendo esa línea le cuestioné si sabía inglés y contestó
que un poco, pero que pensaba seguirlo aprendiendo en Obregón. Pregunté después
cuáles eran las carreras que más le llamaban la atención y me dijo sin dudar
que eran astronomía, física, matemáticas o gastronomía. Comentó que especialmente
le interesaba una carrera en las ciencias porque quería contribuir a la
sociedad. Además, dijo que se podía considerar un joven aplicado.
Cuando habló de la postura de sus conocidos respecto a estos
temas explicó que sus padres lo apoyaban en sus estudios para salir adelante.
Me dijo que ambos tenían una maestría en docencia y que efectivamente le daban
gran importancia a la escuela. A continuación aseguró que la mayoría de los
chicos de su edad tenían la intención de seguir estudiando, aunque tuvieran que
irse del pueblo.
Ángel Flavio Álvarez
14 años
Cuenta que su hermana mayor, estudiante del Cecytes, tiene
la intención de estudiar una carrera en la Ciudad de México. Él, por su parte,
desea estudiar en la naval para convertirse en piloto, por lo que seguiría el camino
de su hermana. Le va bien en la escuela y entre las materias que le llaman la
atención está el inglés. Como el chico anterior, Ángel también afirmó que la
mayoría de sus compañeros quiere seguir estudiando y muchos padres esperan que
sus hijos lo hagan. Al respecto comenta que su madre es ama de casa y su padre
dueño de un negocio en Hermosillo.
Cielo Aracely Román
14 años
Ella es la menor de 3 hijos; sus dos hermanos mayores no
estudiaron carrera y tampoco viven con ella. Cielo, de hecho, sólo vive con sus
abuelos y sobrinos, pero lo prefiere así.
Quiere continuar en la preparatoria del Conalep y sus
materias favoritas son artes, educación física y español. Sin embargo no tiene
claro a qué le gustaría dedicarse.
Por otro lado, piensa que hay más recursos para salir
adelante en la ciudad, aunque ella en específico no siente que haya tenido
dificultades a la hora de continuar la escuela ya que cuenta con el apoyo de su
familia.
Miroslava, Micael y Fátima
14 años (todos)
Por falta de tiempo esta entrevista tuve que realizarla en
conjunto, por lo que respondieron a la vez las mismas preguntas.
Los tres chicos estudian la secundaria y quieren continuar
hasta la universidad. Miroslava quiere ser Criminóloga, Fátima enfermera y Micael
profesor de inglés. Éste último comenta que incluso sus padres accedieron a
enviarlo a clases de inglés extras en Obregón. Se toma muy enserio su sueño de
ser maestro.
Los padres de cada uno de ellos concuerdan al decirles que
deberían seguir estudiando. Tanto Fátima como Miroslava dijeron que todos sus
amigos hablan de qué quieren hacer en el futuro y que les gustaría tener una
carrera. Fátima opina que entre las cosas que los impulsan está el deseo de
superar a sus padres. Aun así, menciona que había dos compañeros en su salón
que deseaban salirse ya de la escuela. Incluso reconoce que hubo una chica que
la dejó por seguir los pasos de grupos narcotraficantes en la zona. Fátima dice
que se trató de un caso insólito pues suelen ser hombres los que hacen ese tipo
de cosas.
Cuando pregunté sobre las principales dificultades que
observaban al estudiar en un pueblo, Fátima comentó que una gran desventaja es
el tener que irse a la ciudad para continuar con la profesional. Les pregunté
que si eso no era problema a nivel secundaria y preparatoria. Contestaron que,
aunque no todos los pueblos tienen escuelas de esos grados, sí es fácil
trasladarse entre localidades. Por ejemplo, Miroslava vive en el ejido Morelos
#1, pero estudia en la misma secundaria que Fátima y Micael.
Salón de clases en secundaria de San Ignacio Río Muerto
En Pueblo Yaqui entrevisté también a dos estudiantes, pero ahora
de nivel preparatoria. Cabe decir que compartían muchas opiniones con los más
chicos.
Hugo Cruz
17 años
Comenta que es el menor de cuatro. Tiene una hermana dedicada
al comercio informal y otros dos hermanos que trabajan; el más grande vive en Estados
Unidos y el que le sigue labora en el pueblo, es ingeniero en electrónica. Al
respecto, Hugo tiene gustos variados; le interesa una carrera en enfermería,
mecatrónica o diseño gráfico. Sin embargo, no considera que actualmente sea un
alumno muy estudioso ya que no es algo por lo que le gustaría ser reconocido.
A futuro dice que está en sus planes el mudarse a Obregón o
Hermosillo para entrar a la universidad. No le parece que en donde vive haya
muchas oportunidades laborales, pero sí asegura que, como lo hace su hermano en
Estados Unidos, va a seguir frecuentando el pueblo.
Sobre la perspectiva de los adultos, Hugo menciona que todos
los padres que conoce se arrepienten de no haber estudiado, incluyendo su
madre. Ella le ha dicho que quería hacer una carrera para ser maestra y que él
debía estudiar porque “la cosa va a estar fea”. A pesar de ello, el joven comenta
que sus padres siempre respetan las decisiones que toma.
Para él, los mayores obstáculos que tienen los estudiantes al
mantenerse en la escuela vienen de fuera. Asegura que –cito- “está cabrón”
porque no hay suficiente dinero en las familias, pero sí muchos vicios. El
narcotráfico en la región es un problema grave y la situación en la que viven
muchos tampoco es sencilla, pero es justamente por esto que Hugo ve en la
mayoría de sus compañeros las ganas de superarse; para luchar contra “todo lo
duro que viene”.
Lizeth Soto
17 años
Lizeth explica que sus dos padres tienen carreras truncas,
pero la apoyan en lo que quiere hacer. Tal como todos sus amigos ella también
desea estudiar la universidad. En su caso le llama la atención ser maestra o
psicóloga.
Piensa que muchos conflictos que pueden tener los jóvenes de
pueblo para mantenerse en la escuela radican en la falta de dinero, pero
también en las malas influencias. Comenta que hay algunos chicos que no quieren
seguir estudiando por el ejemplo de los muchos narcotraficantes que frecuentan
la zona; para ella, su desesperación de tener empleo y dinero fácil los puede
hacer tomar decisiones negativas.
Grupo de jóvenes en Cobach de Pueblo Yaqui
Como mencioné antes, también pude entrevistar al personal
adulto de dos instituciones. El primero era director de la secundaria en San
Ignacio y el segundo, subdirector del Cobach en Pueblo Yaqui.
Martín Hernán Contreras
Amablemente me invitó a pasar al despachó y me dijo que tiene
una maestría en educación y que llevaba dos años siendo director de la escuela.
Confirma que, a su punto de vista, sí ha habido un cambio en
la mentalidad de los jóvenes respecto al estudio; antes no eran tan ambiciosos
pues tenían la esperanza de encontrar trabajo donde fuera y no una carrera
universitaria. Dice que a los padres no les importaba eso y preferían que sus
hijos se pusieran a laborar lo más pronto posible. Pero ahora es al revés; sólo
una minoría sigue con esas ideas mientras que el resto quiere que su descendencia
siga con una profesión. Incluso, el Mtro. Contreras aproxima que cuando él
estudio la maestría cerca del 70% de los alumnos venían de ciudades. Piensa que
antes resultaba mucho más difícil que jóvenes de pueblo viajaran para ingresar
a la universidad.
Entre los mayores problemas que observa para los estudiantes
de San Ignacio está el déficit de fuentes de trabajo al egresar. Martín
Contreras opina que muchos jóvenes ven a profesionistas con carrera terminada
laborando en actividades temporales y sin sueldo fijo. Al ver que no hay empleo
para licenciados, los chicos tienden a perder los ánimos de estudiar.
Por otro lado, esos mismos adolescentes ven gente sin
escuela obteniendo rápidamente buenos niveles de vida a través de las salidas
fáciles. En gran parte, las condiciones socioeconómicas son un problema que
puede orillarlos al mal camino. Dice que en el campo la vida es difícil, los
salarios son bajos y un jornalero suele ganar no más de 100 pesos al día;
aunque los servicios públicos sean baratos la ganancia del trabajo no es suficiente.
Considera que muchos, incluso, pueden abandonar la escuela para ayudar a la
familia.
Julio Alfonso Morales
Lleva un año como subdirector del Cobach, pero ya antes
había trabajado en la región del Mayo, Navojoa y Villa Juárez. Cuenta con una
maestría en ciencias sociales.
Desde su perspectiva, las más grandes barreras para los
estudiantes son los aspectos económicos y las familias desintegradas. Aun así,
la mayoría tiene deseos de continuar en la escuela pues con los años han
aumentado las aspiraciones de llegar a tener una vida mejor.
Julio Morales opina que hoy en día los padres quieren que
sus hijos lleguen lejos; buscan darles más de lo que ellos tuvieron.
Desgraciadamente pueden frustrarse al no ser capaces de ayudarlos en lo
académico porque en muchos casos no lograron llegar a su nivel escolar. Las
razones para ello son variadas, pero en gran parte es por las pocas
posibilidades que su generación tenía de estudiar cerca de casa. En cambio,
ahora hay mucha mayor facilidad de transporte, además de que se cuentan con más
escuelas en los pueblos.
El Mtro. Morales describe que aunque han aumentado los obstáculos
en el entorno, como los vicios y los malos ejemplos, también hay más
oportunidades, como es el caso de los programas ofrecidos por el gobierno. En
realidad, ni siquiera considera que actualmente sea una gran problemática que
abandonen la escuela por motivos económicos como mantener a la familia. Sin
embargo, resulta un verdadero problema el entorno en el que viven y el apego a
lo que sienten que les pertenece.
Uno de los mayores conflictos que tienen los jóvenes surge
al preguntarse qué es lo que harán cuando salgan de la prepa. Ellos no quieren
dejar el pueblo y llegan a buscar trabajos en cualquier cosa sólo para quedarse
ahí debido a su temor a lo desconocido. La más grande dificultad está cuando
dudan de sí mismos; quieren superarse, pero no están seguros si podrán.
El fuerte apego a sus raíces, cuenta el Julio Morales, es
algo que tienen en común todos los pueblos. Aunque los chicos decidan estudiar
o trabajar fuera, siempre buscan seguir regresando. El obstáculo más grande
para continuar sus estudios radica en que a algunos “les gana el sentimiento de
regresar”, como dice, y prefieren dejar truncada su carrera en la ciudad.
En un inicio, antes de comenzar el trabajo, tenía la
hipótesis de que las respuestas estarían inclinadas hacia la superación personal
por medio del estudio y, más aún, del trabajo en las ciudades. Sin embargo, mi
sorpresa llegó cuando todos los chicos, sin excepción, me aseguraron que aunque
querían ir a la ciudad no tenían intención de abandonar la escuela sino
aprovechar y alcanzar una carrera profesional. Fue una opinión unánime cuando
me dijeron que aspiraban a seguir estudiando para tener un mejor trabajo, uno
que les gustara y en el que ganaran bien. Los
chicos pensaron que un título universitario en el futuro les traería beneficios,
pero no fueron los únicos ya que los padres compartían esa visión e incluso estaban totalmente dispuestos a
apoyarlos para ver realizado tal objetivo.
Es claro que sí ha existido un gran cambio entre las
mentalidades de generaciones pasadas a las de los nacidos de 1998 en adelante; se
le ha dado mucho mayor peso a la profesionalización por medio del estudio, se
considera que la preparación es importante y se sienten unas fuertes ansias de
salir adelante. Después de las entrevistas, sólo me quedo con la idea de que en
el futuro de los jóvenes, sean de pueblo o ciudad, el mayor freno estará en las
prioridades que se pongan a sí mismos.
[1]
Hiram Félix, Heidy Anhely Zúñiga y María Guadalupe Soltero, “Aproximaciones a
la cotidianidad de las mujeres del valle del Yaqui, Sonora, México”, Culturales
IV, no. 2 (2016): pp. 93-94.
[2]
Félix, Zúñiga y Soltero, “Aproximaciones.”, pp.96
[3]
Mayo Murrieta, “Historas de vida: Alejandro Méndez, precursor del valle del
Yaqui” (presentado en el XX Simposio de la Sociedad Sonorense de Historia,
Hermosillo, noviembre, 2008), consultado el 26 de noviembre de 2016, http://www.sonoramagica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=290:pioneros-del-valle&catid=34:historia&Itemid=53


