domingo, 27 de noviembre de 2016

Perspectivas de los jóvenes sobre estudios futuros en tres pueblos del Valle del Yaqui: San Ignacio Río Muerto, Pueblo Yaqui y Campo 16.


Vista de campo de trigo en el valle del Yaqui

Antes de comenzar a describir el trabajo y sus objetivos es necesario plantear un contexto de la región estudiada; sólo si conocemos su situación seremos capaces de un mejor entendimiento respecto a sus habitantes.

Fue gracias al reparto agrario en el sexenio de Cárdenas que comenzó una nueva apertura del  Valle del Yaqui. La colonización de las tierras cercanas al río se convirtió en un proyecto serio a partir del siglo XIX, pero es con la formación de ejidos -herencia de la Revolución- que se aumenta el cultivo y el área del valle. El crecimiento pudo verse sobre todo en municipios como Cajeme y San Ignacio Río Muerto. Éste último es uno de los que se visitaron para la realización del presente trabajo. Pueblo Yaqui, por poner otro ejemplo de los visitados, fue un asentamiento de colonos desde 1895 hasta agosto de 1941 cuando el presidente Ávila Camacho le otorga el certificado agrario. Con la entrega de éste y otros homónimos se constituyeron 13 ejidos en la zona, que trabajaron colectivamente hasta el 50 debido a la separación de los que querían dejar de laborar en grupo y volverse parcelarios.[1]

Monumento a la matanza de San Ignacio Río Muerto,
del 23 de octubre de 1975

La mejor época para los ejidos de la región se dio entre los años cincuenta y sesenta. Sin embargo, el estado de crisis en el campo empieza a partir de los ochenta debido a las políticas neoliberales. Éstas implicaron devaluaciones y profundos cambios en la actividad agrícola gracias a la intensificación y tecnificación, pero entre los residentes de los pueblos del Yaqui no mejoraron la forma de vida.[2]

Vista en Campo 16

Respecto al tema de la educación en la zona sabemos que, antes del reparto ejidal de Cárdenas en el 37, Alejandro Méndez era parte de la Comisión de Educación decretada por el entonces gobernador, Rodolfo Elías Calles. Dicha comisión estipulaba que los dueños de campos agrícolas debían ofrecer escuelas y maestros a los hijos de sus empleados. Cuando los profesores rurales estuvieron listos, Méndez los destinó a diferentes localidades del valle, al tiempo que revisaba la efectiva construcción de las escuelas.[3]

Durante las entrevistas realizadas, el subdirector del Cobach en Pueblo Yaqui me comentó que todas las escuelas secundarias y preparatorias no se fundaron en los pueblos de la región sino hasta después de los años cincuenta. Precisamente el Cobach se abrió hasta el noventa y casi todas las escuelas que van más allá del nivel básico aparecieron en la década de los ochenta.

Es comprensible que se piense en la educación destinada a las comunidades del Yaqui como una más precaria que innovadora. La lógica puede decirnos que tal será el caso dentro de una situación en la que los pueblos han sido olvidados durante los años venideros al ochenta, especialmente por las mencionadas políticas beneficiadoras de grandes empresarios.

Aun así, durante las visitas realizadas pude comprobar que la educación de secundaria y preparatoria está al alcance de los jóvenes. No sólo eso, también es económicamente accesible y cuenta con buenas instalaciones. Las escuelas se observan en un estado mejor que aceptable y aunque las opciones no son muy variadas no podemos decir que hacen falta.

A lo largo la estadía pude entrevistar en los tres pueblos a estudiantes de entre 14 y 17 años. Además, tuve la oportunidad de hablar un poco con el director y subdirector de dos escuelas, quienes ayudaron enormemente a responder parte de mis dudas sobre la temática.

La pregunta elegida para el presente trabajo es acerca de cuáles son las aspiraciones educativas y laborales entre los estudiantes del valle del Yaqui. A continuación, presentaré brevemente los resultados de las entrevistas hechas a los jóvenes de secundaría. Los tres primeros son de San Ignacio Río Muerto y a los últimos los abordé en Campo 16.

Óscar Gamaliel Sandoval
14 años

Desde el inicio me llamó la atención lo que pudiera decirme el chico ya que, al preguntar por un voluntario para la entrevista, todo su salón lo señaló. No pareció sorprendido sino que se dirigió calmadamente afuera del aula para responder, lejos del resto de los alumnos. Cuando hice la pregunta de si estudiaba o trabajaba dijo firmemente que sólo se dedicaba a la escuela, casi como si se burlara de lo ilógico que sería encontrar a alguien de su edad laborando. Posteriormente dejó claro que él pensaba seguir el estudio hasta llegar a una carrera, incluso aunque tuviera que mudarse –en sus propias palabras- a “algún país anglosajón”.

Siguiendo esa línea le cuestioné si sabía inglés y contestó que un poco, pero que pensaba seguirlo aprendiendo en Obregón. Pregunté después cuáles eran las carreras que más le llamaban la atención y me dijo sin dudar que eran astronomía, física, matemáticas o gastronomía. Comentó que especialmente le interesaba una carrera en las ciencias porque quería contribuir a la sociedad. Además, dijo que se podía considerar un joven aplicado.

Cuando habló de la postura de sus conocidos respecto a estos temas explicó que sus padres lo apoyaban en sus estudios para salir adelante. Me dijo que ambos tenían una maestría en docencia y que efectivamente le daban gran importancia a la escuela. A continuación aseguró que la mayoría de los chicos de su edad tenían la intención de seguir estudiando, aunque tuvieran que irse del pueblo. 

Ángel Flavio Álvarez
14 años

Cuenta que su hermana mayor, estudiante del Cecytes, tiene la intención de estudiar una carrera en la Ciudad de México. Él, por su parte, desea estudiar en la naval para convertirse en piloto, por lo que seguiría el camino de su hermana. Le va bien en la escuela y entre las materias que le llaman la atención está el inglés. Como el chico anterior, Ángel también afirmó que la mayoría de sus compañeros quiere seguir estudiando y muchos padres esperan que sus hijos lo hagan. Al respecto comenta que su madre es ama de casa y su padre dueño de un negocio en Hermosillo.

Cielo Aracely Román
14 años

Ella es la menor de 3 hijos; sus dos hermanos mayores no estudiaron carrera y tampoco viven con ella. Cielo, de hecho, sólo vive con sus abuelos y sobrinos, pero lo prefiere así.

Quiere continuar en la preparatoria del Conalep y sus materias favoritas son artes, educación física y español. Sin embargo no tiene claro a qué le gustaría dedicarse.

Por otro lado, piensa que hay más recursos para salir adelante en la ciudad, aunque ella en específico no siente que haya tenido dificultades a la hora de continuar la escuela ya que cuenta con el apoyo de su familia.

Miroslava, Micael y Fátima
14 años (todos)

Por falta de tiempo esta entrevista tuve que realizarla en conjunto, por lo que respondieron a la vez las mismas preguntas.

Los tres chicos estudian la secundaria y quieren continuar hasta la universidad. Miroslava quiere ser Criminóloga, Fátima enfermera y Micael profesor de inglés. Éste último comenta que incluso sus padres accedieron a enviarlo a clases de inglés extras en Obregón. Se toma muy enserio su sueño de ser maestro.

Los padres de cada uno de ellos concuerdan al decirles que deberían seguir estudiando. Tanto Fátima como Miroslava dijeron que todos sus amigos hablan de qué quieren hacer en el futuro y que les gustaría tener una carrera. Fátima opina que entre las cosas que los impulsan está el deseo de superar a sus padres. Aun así, menciona que había dos compañeros en su salón que deseaban salirse ya de la escuela. Incluso reconoce que hubo una chica que la dejó por seguir los pasos de grupos narcotraficantes en la zona. Fátima dice que se trató de un caso insólito pues suelen ser hombres los que hacen ese tipo de cosas.

Cuando pregunté sobre las principales dificultades que observaban al estudiar en un pueblo, Fátima comentó que una gran desventaja es el tener que irse a la ciudad para continuar con la profesional. Les pregunté que si eso no era problema a nivel secundaria y preparatoria. Contestaron que, aunque no todos los pueblos tienen escuelas de esos grados, sí es fácil trasladarse entre localidades. Por ejemplo, Miroslava vive en el ejido Morelos #1, pero estudia en la misma secundaria que Fátima y Micael.

Salón de clases en secundaria de San Ignacio Río Muerto

En Pueblo Yaqui entrevisté también a dos estudiantes, pero ahora de nivel preparatoria. Cabe decir que compartían muchas opiniones con los más chicos.

Hugo Cruz
17 años

Comenta que es el menor de cuatro. Tiene una hermana dedicada al comercio informal y otros dos hermanos que trabajan; el más grande vive en Estados Unidos y el que le sigue labora en el pueblo, es ingeniero en electrónica. Al respecto, Hugo tiene gustos variados; le interesa una carrera en enfermería, mecatrónica o diseño gráfico. Sin embargo, no considera que actualmente sea un alumno muy estudioso ya que no es algo por lo que le gustaría ser reconocido.

A futuro dice que está en sus planes el mudarse a Obregón o Hermosillo para entrar a la universidad. No le parece que en donde vive haya muchas oportunidades laborales, pero sí asegura que, como lo hace su hermano en Estados Unidos, va a seguir frecuentando el pueblo.

Sobre la perspectiva de los adultos, Hugo menciona que todos los padres que conoce se arrepienten de no haber estudiado, incluyendo su madre. Ella le ha dicho que quería hacer una carrera para ser maestra y que él debía estudiar porque “la cosa va a estar fea”. A pesar de ello, el joven comenta que sus padres siempre respetan las decisiones que toma.

Para él, los mayores obstáculos que tienen los estudiantes al mantenerse en la escuela vienen de fuera. Asegura que –cito- “está cabrón” porque no hay suficiente dinero en las familias, pero sí muchos vicios. El narcotráfico en la región es un problema grave y la situación en la que viven muchos tampoco es sencilla, pero es justamente por esto que Hugo ve en la mayoría de sus compañeros las ganas de superarse; para luchar contra “todo lo duro que viene”.

Lizeth Soto
17 años

Lizeth explica que sus dos padres tienen carreras truncas, pero la apoyan en lo que quiere hacer. Tal como todos sus amigos ella también desea estudiar la universidad. En su caso le llama la atención ser maestra o psicóloga.

Piensa que muchos conflictos que pueden tener los jóvenes de pueblo para mantenerse en la escuela radican en la falta de dinero, pero también en las malas influencias. Comenta que hay algunos chicos que no quieren seguir estudiando por el ejemplo de los muchos narcotraficantes que frecuentan la zona; para ella, su desesperación de tener empleo y dinero fácil los puede hacer tomar decisiones negativas.
Grupo de jóvenes en Cobach de Pueblo Yaqui

Como mencioné antes, también pude entrevistar al personal adulto de dos instituciones. El primero era director de la secundaria en San Ignacio y el segundo, subdirector del Cobach en Pueblo Yaqui.

Martín Hernán Contreras

Amablemente me invitó a pasar al despachó y me dijo que tiene una maestría en educación y que llevaba dos años siendo director de la escuela.

Confirma que, a su punto de vista, sí ha habido un cambio en la mentalidad de los jóvenes respecto al estudio; antes no eran tan ambiciosos pues tenían la esperanza de encontrar trabajo donde fuera y no una carrera universitaria. Dice que a los padres no les importaba eso y preferían que sus hijos se pusieran a laborar lo más pronto posible. Pero ahora es al revés; sólo una minoría sigue con esas ideas mientras que el resto quiere que su descendencia siga con una profesión. Incluso, el Mtro. Contreras aproxima que cuando él estudio la maestría cerca del 70% de los alumnos venían de ciudades. Piensa que antes resultaba mucho más difícil que jóvenes de pueblo viajaran para ingresar a la universidad.
Entre los mayores problemas que observa para los estudiantes de San Ignacio está el déficit de fuentes de trabajo al egresar. Martín Contreras opina que muchos jóvenes ven a profesionistas con carrera terminada laborando en actividades temporales y sin sueldo fijo. Al ver que no hay empleo para licenciados, los chicos tienden a perder los ánimos de estudiar.

Por otro lado, esos mismos adolescentes ven gente sin escuela obteniendo rápidamente buenos niveles de vida a través de las salidas fáciles. En gran parte, las condiciones socioeconómicas son un problema que puede orillarlos al mal camino. Dice que en el campo la vida es difícil, los salarios son bajos y un jornalero suele ganar no más de 100 pesos al día; aunque los servicios públicos sean baratos la ganancia del trabajo no es suficiente. Considera que muchos, incluso, pueden abandonar la escuela para ayudar a la familia.

Julio Alfonso Morales

Lleva un año como subdirector del Cobach, pero ya antes había trabajado en la región del Mayo, Navojoa y Villa Juárez. Cuenta con una maestría en ciencias sociales.

Desde su perspectiva, las más grandes barreras para los estudiantes son los aspectos económicos y las familias desintegradas. Aun así, la mayoría tiene deseos de continuar en la escuela pues con los años han aumentado las aspiraciones de llegar a tener una vida mejor.

Julio Morales opina que hoy en día los padres quieren que sus hijos lleguen lejos; buscan darles más de lo que ellos tuvieron. Desgraciadamente pueden frustrarse al no ser capaces de ayudarlos en lo académico porque en muchos casos no lograron llegar a su nivel escolar. Las razones para ello son variadas, pero en gran parte es por las pocas posibilidades que su generación tenía de estudiar cerca de casa. En cambio, ahora hay mucha mayor facilidad de transporte, además de que se cuentan con más escuelas en los pueblos.

El Mtro. Morales describe que aunque han aumentado los obstáculos en el entorno, como los vicios y los malos ejemplos, también hay más oportunidades, como es el caso de los programas ofrecidos por el gobierno. En realidad, ni siquiera considera que actualmente sea una gran problemática que abandonen la escuela por motivos económicos como mantener a la familia. Sin embargo, resulta un verdadero problema el entorno en el que viven y el apego a lo que sienten que les pertenece.

Uno de los mayores conflictos que tienen los jóvenes surge al preguntarse qué es lo que harán cuando salgan de la prepa. Ellos no quieren dejar el pueblo y llegan a buscar trabajos en cualquier cosa sólo para quedarse ahí debido a su temor a lo desconocido. La más grande dificultad está cuando dudan de sí mismos; quieren superarse, pero no están seguros si podrán.

El fuerte apego a sus raíces, cuenta el Julio Morales, es algo que tienen en común todos los pueblos. Aunque los chicos decidan estudiar o trabajar fuera, siempre buscan seguir regresando. El obstáculo más grande para continuar sus estudios radica en que a algunos “les gana el sentimiento de regresar”, como dice, y prefieren dejar truncada su carrera en la ciudad.


 Estudiantes de la Universidad de Sonora en el valle del Yaqui

En un inicio, antes de comenzar el trabajo, tenía la hipótesis de que las respuestas estarían inclinadas hacia la superación personal por medio del estudio y, más aún, del trabajo en las ciudades. Sin embargo, mi sorpresa llegó cuando todos los chicos, sin excepción, me aseguraron que aunque querían ir a la ciudad no tenían intención de abandonar la escuela sino aprovechar y alcanzar una carrera profesional. Fue una opinión unánime cuando me dijeron que aspiraban a seguir estudiando para tener un mejor trabajo, uno que les gustara y en el que ganaran bien. Los  chicos pensaron que un título universitario en el futuro les traería beneficios, pero no fueron los únicos ya que los padres compartían esa visión  e incluso estaban totalmente dispuestos a apoyarlos para ver realizado tal objetivo.

Es claro que sí ha existido un gran cambio entre las mentalidades de generaciones pasadas a las de los nacidos de 1998 en adelante; se le ha dado mucho mayor peso a la profesionalización por medio del estudio, se considera que la preparación es importante y se sienten unas fuertes ansias de salir adelante. Después de las entrevistas, sólo me quedo con la idea de que en el futuro de los jóvenes, sean de pueblo o ciudad, el mayor freno estará en las prioridades que se pongan a sí mismos.


 Vista del camión de la universidad en el Valle del Yaqui



[1] Hiram Félix, Heidy Anhely Zúñiga y María Guadalupe Soltero, “Aproximaciones a la cotidianidad de las mujeres del valle del Yaqui, Sonora, México”, Culturales IV, no. 2 (2016): pp. 93-94.
[2] Félix, Zúñiga y Soltero, “Aproximaciones.”, pp.96
[3] Mayo Murrieta, “Historas de vida: Alejandro Méndez, precursor del valle del Yaqui” (presentado en el XX Simposio de la Sociedad Sonorense de Historia, Hermosillo, noviembre, 2008), consultado el 26 de noviembre de 2016, http://www.sonoramagica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=290:pioneros-del-valle&catid=34:historia&Itemid=53