Al inicio del documental debo admitir que no comprendía de
qué trataba. Lo comencé a ver sin saber más que el título, y no fue sino hasta
que empecé a escuchar que la gente en los videos mencionaban constantemente el
nombre de Juan que decidí buscar información.
Me sorprendió leer que se trataba de una colección de anécdotas
de quienes habían conocido al afamado padre del director del film, el escritor
Juan Rulfo. Pero lo que más me sorprendió fue que ni siquiera parecía ser un tema
central; más bien era el elemento de unión para las perspectivas de todos los
involucrados respecto a una gran variedad de tópicos. Muchos de éstos abarcaban
la época en la que habían conocido al literato y otros se extendían a periodos
anteriores o posteriores. Incluso a cosas que no figuraban tener nada que ver,
como opiniones personales sobre la vida y la gente. Algunos fragmentos poseían
una esencia que sólo puedo llamar surrealista; tal vez habían sido incluidos
con el único propósito de provocar sentimientos en el espectador.
He de mencionar que la música y el escenario fueron claves para
las emociones del documental; sobre todo la profunda nostalgia, interesante e
incómoda, que parece dominar la mayor parte de las escenas sin diálogo. Se
traban de planos muy característicos de las producciones artísticas, pero no
tanto de un film informativo.
Los métodos para realizar las entrevistas eran claramente
cualitativos. Sin embargo, me atrevo a decir que fue mucho más subjetiva de lo
que podría esperarse si se tratara de un documental de investigación. Las
personas hablaban sin enfocarse en la pregunta inicial –si habían conocido a
Juan Rulfo-; hilaban unas ideas con otras hasta formar un camino demasiado alejado del punto de partida. Aunque
tampoco creo que haya sido un error de investigación pues, como dije, ni
siquiera parecía ser el verdadero objetivo del cineasta. Al contrario; el
permitir que los hombres y mujeres frente a la cámara extendieran su plática, casi
indefinidamente, era lo que construía el alma de del documental.
Se narraron temas que van desde la vida de los
entrevistados, sus ideas y sus concepciones del mundo, hasta el legado de Rulfo
como un eminente de las letras mexicanas, pero una figura difusa como persona
real. La historia de la producción de su hijo, “Del olvido al no me acuerdo”,
es una delicadamente compuesta a manera de mosaico, plagada de sentimientos y
visiones que sólo pueden ser entendidas según la interpretación de uno.
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