Como parte de nuestras tareas estudiantiles, los alumnos del grupo de primer semestre de la licenciatura en Historia realizamos visitas a algunos de los acervos documentales de Hermosillo, Sonora.
A continuación relataré el proceso y hablaré un poco sobre los documentos que apreciados.
Archivo de la Casa de la Cultura Jurídica del Estado de
Sonora
La primera visita que realizamos fue el día 27 de octubre
del 2014. Salimos de la universidad aproximadamente a las cinco de la tarde.
Originalmente eran llamadas Archivos Generales, pero en 1998
pasaron a ser reconocidas como Casas de la Cultura Jurídica de la Suprema Corte
de la Nación, por lo que son un archivo federal. Están abiertas al público en
general, ponen a disposición de los interesados numerosos servicios de utilidad
investigativa. Contienen documentación de procesos legales y jurídicos
resguardados en su archivo desde 1950. Éstos son importantes porque muestran la
evidencia histórica de la actividad jurisdiccional y el cómo ha ido
evolucionando con los años, qué clase de casos se trataron en determinadas
épocas, el proceso que llevaron y la manera en la que se resolvían o no, entre
otras cosas. Estas Casas de Cultura reciben documentos periódicamente para
enriquecer su archivo, después se clasifican y se organizan. Además de los
Archivos, la Casa de la Cultura Jurídica cuenta con una biblioteca y realiza
diferentes eventos de promoción.
Los alumnos de 1er semestre de la licenciatura estuvimos
algunos minutos en la sala frente al módulo de acceso, donde consultamos los
folletos informativos del lugar. Cuando pasamos a la primera sala comenzaron
por contarnos un poco sobre el objetivo del Archivo, que sirve como respaldo
para los expedientes judiciales y otros documentos enfocados a los procesos
legales en Sonora. El archivo, tal como nos describieron, está dividido en
tres: el Histórico, que incluye los documentos desde 1832 hasta 1950; el de
Concentración, o Medio, abarca los archivo del 51 al 2008; y el Reciente, que
va del 2009 hasta la fecha.
Posteriormente fuimos guiados a una sala, en la que nos
proporcionaron algunos documentos guardados para que pudiéramos verlos en
persona. Debido a su calidad frágil también nos otorgaron guantes y cubre bocas
a cada estudiante, esto para no dañar las hojas que de igual forma manejamos
con cuidado.
Los documentos se encontraban en buen estado, pero eran
evidentemente antiguos. La mayoría tenían fecha de 1924 y trataban el proceso
jurídico de diversos casos locales que se habían presentado en la época para
obtener una resolución. En su mayoría trataban demandas contra la comunidad
china o por deslinde de terrenos. La carpeta de documentos que tuve la suerte
de observar rezaba en su portada “Acto Reclamado: Desposeimiento de predios”.
Las primeras páginas de este tipo de archivos contienen el caso planteado por
el quejoso, mientras que en las últimas el juez dicta su sentencia, en mi caso
describían el curso de la demanda realizada por un mal entendido en cuanto a la
propiedad de tierras de una agrupación de agrónomos y el verdadero dueño.
Archivo General del Estado de Sonora
El edificio en el que está situado el Archivo General del
Estado se encuentra dentro de las oficinas del Boletín Oficial. Apenas entrar a
la habitación pudimos observar que la pared derecha está tapizada por un enorme
e imponente escrito, tal fue nuestra sorpresa cuando la persona encargada, la
señora Guillermina Leal, nos explicó que se trataba de una serie fotográfica
del famoso documento independentista: Sentimientos de la nación, presentado en
Chilpancingo de 1813.
Posteriormente se nos explicó el tipo de contenido que se
resguarda en el Archivo y la manera de catalogarlos, que es por medio de
fondos; el de Prefecturas abarca de 1828 a 1900 y el Fondo de Notarías contiene
los del siglo XIX y algunos del XX. La Oficialía Mayor posee archivos con guía
desde 1900 hasta 1930, pues a partir de entonces todos los documentos son
recibidos y después organizados. También cuentan con los Boletines Oficiales
publicados desde 1956 hasta la fecha, ya que ahí mismo son impresos. Igualmente
en el edificio existe una hemeroteca en la que se organizan documentos desde
1856, y, además, hay una fototeca, donde se pueden apreciar imágenes variadas
de municipios y edificios antiguos.
Son muchos los tipos de archivos que poseen, éstos suelen
ser consultados constantemente tanto por estudiantes como por investigadores, e
inclusive interesados extranjeros. Debido a lo atareado que puede ser el
trabajo de consulta, tal como nos explica Guillermina Leal, la sala del Archivo
está ampliamente equipada; hay varias mesas individuales, cada una tiene su
propia lámpara y una conexión para laptops.
Algo que me pareció especialmente destacable respecto al
Archivo General del Estado es la forma en que se encuentran protegidos los
documentos. Por motivo de que algunos de ellos son incluso anteriores al siglo
XVIII, deben ser colocados en una caja especial y posteriormente archivados en
unas más grandes, junto con otros documentos. Estas cajas se organizan en unos
enormes anaqueles dentro de una habitación resguardada de los elementos
ambientales que pudieran dañar el contenido, pues los datos en papel más
antiguos datan de 1697.
Nosotros pudimos apreciar este cuarto sólo a través de
unas paredes de cristal, ya que el paso no está permitido a quienes no trabajan
ahí. Sin embargo, al notar nuestro interés en el asunto, nos fue explicado que
si se llenan los formularios necesarios podemos hacer uso de los documentos.
Junto con la Papeleta para Solicitar, también debe hacerse una Carta Compromiso
en la que aseguramos que se le dará un trato digno a los mismos. Y eso no es
todo ya que, al igual que en la Casa de la Cultura Jurídica, en todo momento
deben ser usados guantes y cubre bocas.
Biblioteca Fernando Pesqueira
Salimos de la escuela alrededor de las 5:30, para pasar a la hemeroteca tuvimos que ir por un pasillo estrecho y casi oculto, que culminaba en una puerta abierta. En su interior, había una sala repleta de archivos, increíblemente organizados y de valor casi nostálgico.
Los primeros que pudimos observar asemejaban gruesos tomos enciclopédicos, pero después de preguntar descubrimos que se trataban de encuadernaciones de revistas, que hacía ya tiempo se habían mandado a hacer. Su contenido variaba de temas económicos, legales, sociales, etc. Justo a su lado se encontraban las cajas de revistas, con títulos como la Revista del Colegio de Sonora, Proceso, la Revista Mexicana de Sociología, entre muchas otras; y todas se hallaban acomodadas en cajas abiertas, cada una con sus respectivas fechas y en orden cronológico.
A mi parecer, lo más atrayente de la hemeroteca fueron las enormes encuadernaciones que contenían números de periódicos antiguos. Estas estaban protegidos por unas pastas lo suficientemente alargadas para cubrir las páginas completas. Algunas eran encuadernaciones cocidas mientras que otras sólo estaban tapadas por un papel semejante a la cartulina.
Estas especies de antologías, parecidas a libros, llevaban en sus portadas las fechas de cuándo a cuándo abarcaban los periódicos. No todas estaban organizadas, pero posiblemente era por su constante uso; tomo de ejemplo el hecho de que cuando entramos a la habitación había algunas personas ocupadas con los documentos, incluso un estudiante del séptimo semestre en Historia, quien, ensimismado en una mesa, revisaba algunos periódicos.
Al momento de hojear los documentos pude notar que estaban en buen estado, a pesar de que no había ningún tipo de cuidado especial exigido para tratar con ellos, al menos no más allá del que nos proporcionaba el sentido común.
Por otra parte, el contenido de los periódicos era especialmente interesante; tan sólo tuve que ver algunos que databan de los noventas para hacerme a la idea del enorme cambio que existió en unas pocas décadas, más aún, dentro de una misma localidad. Era francamente sorprendente poder ver anuncios de novedades en aquel entonces y que para nosotros, hoy día, son tan comunes. Admito que incluso los precios en la antigua sección de económicos de El Imparcial eran cosas que me causaron asombro.
Este tipo de visitas, debo decir, son de las que a uno le gustaría poder extender, curiosear los datos del pasado para relacionarlos con el presente es sólo uno de los beneficios obtenidos; el poder observar la continuidad del tiempo por medio de documentos oficiales y a la vez tan en contacto con la sociedad como lo es un periódico, se trata de una acción que no sólo los historiadores deberían vivir. Es precisamente en estos vestigios, en los datos que parecen minúsculos, que podemos entrever un contexto mucho mayor del que aparenta: me refiero claro está al interpretar de las fuentes, la forma en la que una noticia sobre una droga novedosa y polémica nos habla también del tipo de sociedad que se informaba sobre ella a través de un periódico.
Retomo entonces una cita que describe esta maravilla que son los fragmentos informativos:
(…); lo aparentemente insignificante, el detalle sin importancia, traducen lo indecible y sugieren no pocas formas de inteligencia viva y de entendimientos razonados que se mezclan con sueños frustrados y yermos deseos. Las palabras trazan figuras íntimas y sorprenden las mil y una formas de comunicación de cada uno en el mundo. (Farge, 1991).
Fue tanto el interés de nuestra parte, que al salir de ahí decidimos igualmente ir a la biblioteca universitaria, una visita rápida pero provechosa en la que pudimos observar la gran cantidad de libros históricos a los que, seguramente en un futuro cercano, podremos darles uso.
Bibliografía:

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