Existen varias funciones socializadoras para su enseñanza,
una de las más comunes es la finalidad
nacionalista, como en el caso de la implementación de la materia de historia
nacional en las escuelas primarias y secundarias, esto con el propósito de
inculcar valores patrióticos en los ciudadanos desde una edad temprana.
Se puede inferir que, ciertamente, la educación básica es
una etapa en la que se crea la conciencia colectiva, y toda reforma que se
aplique en ella afectará también al futuro de la sociedad que egrese. Sin
embargo esta función también ha sido implementada con fines negativos, tal como
se ejemplifica en las numerosas guerras de los siglos pasados donde la
identidad civil y política común sirvió de incentivo para idealizar a la
historia nacional como única, de esta
manera se creó un incentivo para que la población defendiera su patria.
Con los mismos propósitos nacionalistas, los datos
históricos enseñados en escuelas han sido cuidadosamente seleccionados hasta
convertirlos en tendenciosos, el proceso se sustenta en decir que es con el fin
de que el estudiante se forme un lugar en la sociedad de su nación. Los poderes
a cargo de la tarea ven el cambio del contenido en la historia dada en escuelas
como una amenaza al estado actual de las cosas, por lo que se continúa enseñando
la materia como si se narrase un relato invariable y finito.
El fenómeno de la enseñanza histórica parcial, o incluso
alterada, va más allá de crear conceptos e ideologías concretas en las mentes
jóvenes para los fines de las instituciones. Se trata de limitar la capacidad
de pensar por uno mismo y el aprender a criticar la información, ya que estas
habilidades son primeramente obtenidas en la etapa escolar.
El saber histórico debe fomentar en el estudiante el proceso
por el cual se vuelva un miembro activo de la sociedad y que esté comprometido
en mejorarla. La historia ha de otorgar valores de identidad, respeto, tolerancia
y empatía, sólo así se pueden formar los lazos requeridos para conectar con el
entorno de uno y por la tanto con la comunidad en la que se vive –claramente me
refiero a la enseñanza de la historia local-.
La educación de la ciudadanía tiene un vínculo con la
historia en la medida de que ésta instruya sobre conceptos políticos generales,
democráticos e
ideologías concretas sobre los mismos. Por supuesto que para la correcta
aplicación del saber dado, todo ha de ser con el único y puro propósito de que el estudiante tome camino a partir de las bases sentadas y pueda formar ideas propias.
ideologías concretas sobre los mismos. Por supuesto que para la correcta
aplicación del saber dado, todo ha de ser con el único y puro propósito de que el estudiante tome camino a partir de las bases sentadas y pueda formar ideas propias.
CC por Gabriel Flores Romero
A un alumno se le debe capacitar en muchos aspectos,
igualmente relacionados con la construcción de una mente ciudadana, con el
conocimiento histórico. Algunos de estos aspectos son elaborar un sentido
crítico para el análisis de información; conseguir una madurez política, activa
y productiva; obtener la iniciativa de trabajar sobre problemáticas sociales
contemporáneas; aprender a relacionar su pasado, actualidad y futuro para poder
armarse de una conciencia histórica; entre otros tantos.
Para lograr los objetivos deseados respecto a una ciudadanía
positiva, la historia impartida en las escuelas ha de ser diferente a la que
hasta ahora se consideraba adecuada: necesita atender a la problemática
contemporánea y para ello debe tener una perspectiva moderna. De la misma
manera en la que se le da importancia a la historia de El Renacimiento, su
estudio ha de otorgarla a los eventos cercanos,
como los de mayor influencia en el siglo
pasado y así conseguir la conciencia que se requiere para comprender los
antecedentes más directos de nuestra realidad. Igualmente la materia requiere
de un enfoque comparativo pues es fundamental para la comprensión del cambio y
la continuidad, además de que enfrenta al estudiante con un proceso interactivo
para comprender los datos. Este dinamismo es básico en la mentalidad de un miembro
productivo para la ciudadanía.
La historia tampoco debe tratarse en aspectos generales, sería
un limitante. Por su complejidad, estudio de casos concretos es mucho más
efectivo para potencializar el razonamiento del alumno. También debe de darse
el protagonismo necesario a los grupos marginados.
El estudio histórico tiene que aportar una conciencia
ciudadana para que los jóvenes de ahora obtengan el saber de que su futuro es
el resultado de una relación continua con su pasado, de lo que fue, lo que es y
lo que se puede llegar a ser en un mundo con las características actuales: un
mundo globalizado, en el que las acciones que tomamos repercuten sobre una
realidad mucho más amplia que antes y por lo tanto el concepto de nuestra ciudadanía
no puede ser más de carácter exclusivamente nacional.
Análisis personal en base al texto: "La educación para la ciudadanía y la enseñanza de la historia: cuando el futuro es la finalidad de la enseñanza del pasado".
De Joan Pages


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