El día viernes 12
de febrero del 2016, los alumnos de la licenciatura en Historia visitamos
algunos de los archivos de documentos históricos en la capital de Sonora.
Partimos a las nueve de la mañana para ver primero el Archivo municipal. En
éste se encontraban documentos legales y en torno a instituciones oficiales que
conciernen específicamente a la ciudad. Posteriormente visitamos el Archivo General
del Estado de Sonora, que guardaba también este tipo de documentos pero en lo
referente a tratados y otras relaciones que abarcan a todo el Estado, es decir,
los documentos que conciernen a la gobernación estatal. Finalmente visitamos el
Archivo Histórico de la Universidad de Sonora, que guarda los documentos en referente
a esta institución. El recorrido concluyó alrededor de la una de la tarde.
Primeramente he
de decir que lo que más pude notar a primera vista en los diferentes archivos
es la manera en la que se guardan los documentos. El mayor contraste que vi fue
entre el Archivo Municipal y el General del Estado. El primero se nos explicó que
tiene sólo unos quinientos metros cuadrados y está francamente saturado, especialmente de documentos posteriores a
1950. Cuando se nos permitió pasar a la parte trasera del edificio, que es
donde guardaban todas las cajas, nos dimos cuenta inmediatamente de las malas
condiciones y el peligro en el que estaban los archivos. Había largas y altas
hileras ciertamente organizadas, pero demasiado descubiertas como para no
pensar en que pudiera pasarles algo. Las cajas de los archivos sí estaban
selladas, pero sólo con cinta, y no había ningún tipo de sistema que las
resguardara de la humedad o de un posible incendio. Incluso observamos que
encima de algunas de estas cajas estaban libros de archivos abiertos, que se veían
en un estado deplorable a causa precisamente de la humedad, como si se hubieran
mojado por estar mal ubicados.
Por otra parte,
cuando entramos al Archivo General del Estado se nos pasó primero a una salita,
con buenas instalaciones y un ambiente cómodo, había en ella algunas mesitas
individuales con lámparas y un espacio para que los interesados puedan tomar
algún documento prestado y revisarlo ahí con mayor facilidad, de hecho cuando
entramos había dos personas sentadas trabajando con grandes libros. Esto es
algo que ni remotamente pudo observarse en el primer archivo, donde apenas
había un espacio entre hilera e hilera, mucho menos tenía alguna sala para
dedicarse a la revisión de los documentos. Luego de que pudiéramos ver el lugar
donde trabajaban los investigadores en el General, pasamos a la parte trasera
del sitio, que como en el Municipal era donde guardaban todos los archivos.
En lo personal me
pareció admirable, primero que nada había un ancho espacio entre donde
iniciaban los archivos y donde estaba la puerta de entrada, luego del espacio
había un enorme vidrio que formaba una especie de caja de cristal, a través de
la cual podían verse hileras aún más altas y aparentemente de un material más
resistentes que las otras que vimos. En aquel sitio sí contaban con un sistema
efectivo que protegía a los archivos del deterioro, además de las ya
mencionadas facilidades para que historiadores, o cualquier otra persona con
propósitos de investigación, pueda trabajar con los documentos que se guardan.
Tras el recorrido
pude concluir que el trabajo que se le presenta a los historiadores cuando visitan
un archivo para trabajar, no siempre va a tener condiciones favorables, muchas
veces el estado de los documentos es poco idóneo o el lugar en el que los
revisan no tiene comodidad alguna, otras veces los problemas pueden ser más
dificultosos, como la falta de organización de los archivos o peor aún, la
escasez total de ellos ya sea por la especificidad de un tema o por causas
externas como el mal manejo y la negligencia. No siempre podemos tener certeza
de que al visitar un archivo histórico para elaborar una investigación vayamos
a obtener todo lo que buscamos, pero no podemos negar que muchas veces son
imprescindibles.
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